De tuits, sentido común y contexto

 
La que has liado pajarito… bueno más bien, la que han liado algunos que tienen perfil en tu plataforma…

La última víctima de Twitter y que ha pagado el pato tuitero renunciando a su recién estrenada responsabilidad es, como por todos es conocido, Guillermo Zapata, durante 48 horas concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.

El origen de la polémica fueron varios mensajes en la red social de microblogging que Zapata publicó, cuando seguro ni sabía que estaría en estos menesteres, con motivo de una polémica similar surgida en torno al director de cine Nacho Vigalondo, y en los que hacía bromas sobre las víctimas judías del Holocausto, Irene Villa o Marta del Castillo.

Tras el revuelo: portadas en algunos periódicos, disculpas a los afectados, renuncia al cargo que no al acta y borrón y cuenta nueva.

La verdad es que un cargo público hubiese emitido tales mensajes chocaba bastante, aunque que conste que no ha sido el único, pero sí el primero en reaccionar y autoflagelarse por lo escrito, que, muchas veces, los tuits los carga el diablo y no digamos los micros abiertos.

Lejos de entrar en si cierto partido político ha empezado una guerra tuitera o de si se trató de una cortina de humo para distraer la atención de los medios de otras jugarretas políticas, lo cierto es que, si prospera el informe que está preparando de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía, a este  señor le puede caer una gorda. Y es que el gran fallo de Zapata es que no tuvo presente lo más elemental en las redes sociales: el sentido común.

Porque, aunque se diga que el contenido es el rey, quien debería mandar en este mundo del social media es este sentido y el pensar antes de escribir.

Quizá una solución hubiese sido hacer una limpieza de mensajes, que herramientas no faltan. Aunque, ya se sabe, borrar las huellas digitales no es fácil y más a la velocidad que va la red del pajarito, donde es muy fácil sacar de contexto los tuits que se emiten, ya que pocos se meten en las cuentas del resto de usuarios a contextualizar sus mensajes.

Parece que el edil madrileño no ha oído hablar de eso de la “marca personal” y de que, cuando uno se va a dedicar a la política, tus palabras y actos van a estar muy medidos, sobre todo si en la oposición hay una persona a la que ese lado de la sala de Plenos del Ayuntamiento de Madrid no le gusta mucho. 

Al igual que cuando uno está buscando trabajo intenta que su huella digital sea profesional, antes de prometer un cargo público, habría sido importante revisar dicha huella y, según parece, su sucesora tampoco se muerde la lengua en 140 caracteres. Y de esto sabe mucho su socio de Gobierno, Antonio Carmona, quien al parecer, o mejor dicho su equipo, conoce a la perfección las herramientas de borrado tuitero o los compañeros de partido de Zapata, Pablo Soto y Jorge García Castaño, que han borrado en los últimos días más de 3.000 tuits, según este artículo publicado en eldiario.es.

Sentido común, señores, y si se quiere entrar en temas polémicos, se puede aprovechar el anonimato de la red y esconderse tras un avatar. Descubrirlo habría sido cuestión de tiempo, pero por lo menos habría podido disfrutado de su cargo ¿no os parece?
 

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