Haciendo balance del año

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Como cantaba Mecano, con la llegada del fin del año es momento de balances, de ver lo bueno y lo malo y, sobre todo, de revisar lo que ha funcionado y no. Vamos de algo que nos gusta mucho en el mundo 2.0 y que debería hacerse más a menudo: medir.

Así que, después de poco más de un año de Social y Media, me he decidido unirme a esa línea de “los 10 post que mejor han funcionado en mi blog” y evaluar lo que más ha gustado de este humilde rincón. Aunque, para mi sorpresa WordPress ya me lo ha dado hecho en un vistoso informe….

Tras un primer vistazo, dos palabras: bendito SEO. Y es que el contenido que mejor ha funcionado ha sido aquel que ha seguido las directrices de la search engine optimization y que tiene algún nombre famoso en el titular.
Según esto, para el próximo año tengo que escribir más sobre eventos, casos de éxito y comparativas, que es lo que más ha atraído. No sé, quizá pruebe eso de “los 10 consejos…” o “cómo hacer para…”, pero el objetivo de este rincón es generar debate y mostrar cómo funciona esto del 2.0 y seguir reflexionando en torno a él.
Muchas gracias a todos aquellos que os habéis pasado durante este año por aquí.
¡Feliz 2015! y que sea un año cargado de nuevos temas para seguir reflexionando y aprendiendo. 🙂
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El cuñado, el enemigo del social media

El enemigo del social media

 

En toda profesión siempre hay peligrosos intrusos que ponen en peligro la reputación de la misma y, lo peor, a su cliente. Hoy, aprovechando que está cerca Halloween voy a centrarme en el peligro para el social media: el cuñado.

Podemos definir a este terrorífico personaje como el responsable de las pifias que las empresas, especialmente pymes y algunos personajes públicos comenten en las redes sociales.

El cuñado suele tener un perfil de “feisbuk” y a veces hasta un “block” y también está en el “linkidin” y pone cosas es el “tuiter”. El cuñado es familiar del personaje público o del dueño de una pequeña empresa que, como está de moda eso de estar en las redes sociales, pide a su cuñado que le lleve “el tinglado ese” porque él tiene de eso y vale para subir cuatro cosillas de lo que hace su empresa o el personaje.

Así empiezan la mayoría de las historias de terror en este mundo 2.0 y el desenlace suele ser fatal. Para empezar, el cuñado, tras recibir el encargo, abre el “feisbuk” y como no sabe cómo va, pues abre un perfil personal y no una fan page. Y así con otras redes sociales. Un perfil para el “Linkidin” y el “Google plus” ese y, como le han dicho que esté en todas las redes sociales, también abre una cuenta en el “tuiter” y en lo de las fotos.

Al cuñado no le hace falta estrategia ni plan de contenidos, es más no sabe ni que existen porque esto de poner cosas en el “feisbuk” está “tirao”. ¿Contenidos que enriquezcan los perfiles sociales? ¿Hashtags? ¿Preguntas para crear conversación? ¿Qué es eso?. ¿Y para “tuiter”? Lo más seguro es que avise al Manolo que sabe del “cotarro” y se lo una al “feisbuk” y así se actualiza solo o que le ponga la cuenta en el móvil para escribir cosas en los ratos libres con el riesgo de confundirlo con su propia cuenta y sumarse a los ejemplos garrafales en la gestión de Twitter.

Pero un día aparece un cliente descontento o la competencia en forma de trol y que sabe cómo va a cosa y empieza a atacar a la empresa creando una bonita crisis de reputación. ¿Y cómo reacciona el cuñado?. Pues como se suele hacer en estos casos: la técnica del avestruz. Tras recibir la llamada de su familiar todo enfadado que le dice que quite todo eso y se deje de redes sociales que no valen para nada, el cuñado procede a la eliminación de esas cuentas, pero cae en la cuenta que es más fácil abrir perfiles que cerrarlos, así que decide no escribir nada en ellos y van quedando como perfiles fantasmas destinados cual zombies al cementerio de los errores del social media.

De esta película de terror, si el empresario hubiese hecho bien las cosas, se habría pasado a una de color y fantasía con una comunidad de fans encantados con la empresa y una buena lista de prospects. Ahora, si quiere limpiar su imagen y tener una buena repercusión, tendrá que contratar ayuda profesional para que arregle el desaguisado y, al ser posible, que compruebe que esa ayuda predica con el ejemplo, que hay mucho cuñado vestido de vende humo y esa especie también puede ser peligrosa…

 

 

Todo empieza por una web

Diseño web

 

En social media tienes que llevar la chaqueta del cliente, pero tener en la mente al fan o seguidor para llegar a su corazón. Así que en la gran parte de las acciones que se realicen es fundamental tener presente la experiencia del usuario. Y digo esto porque en este post quiero centrarme en una estancia donde esa experiencia tiene que ser muy agradable. Me estoy refiriendo a la web.

No es la primera vez que una adecuada estrategia en redes sociales me remite a la web de una empresa de la que deseo salir corriendo o lo hago con un importante cabreo. Porque es importante recordar que la casa de una estrategia es la web y también el sitio en el que se realizan la mayoría de las conversiones. Resultado de una web poco cuidada: tasa de rebote muy alto, posible cliente perdido y, si se trata de una e-commerce, un carrito que nunca tendrá dueño.

Y si hay un concepto que se centra en el usuario, como su nombre indica, es la usabilidad y vendría a ser la facilidad con la que quienes visitan un sitio web interactúan con él. Para ello, tiene en cuenta factores como el diseño de la web, su tiempo de carga o la navegación por la misma, atendiendo a tres principios: eficacia (el usuario logra lo que quiere), eficiencia (lo hace rápidamente) y satisfacción (del usuario al navegar por la web).

Para hablar de usabilidad normalmente se utilizan criterios y parámetros muy técnicos, pero en esta ocasión me voy a poner en la piel de quien puede comprar los productos de una empresa, contratar sus servicios, conocerla o pedir información.

Uno de esos parámetros es la velocidad de carga. Reconozcámoslo, el mundo 2.0 ha reducido nuestra paciencia. Buscamos que nuestras acciones en internet sean inmediatas. Además, puesto que la mayor parte de las veces estas acciones se realizan a través del teléfono móvil, tampoco están las tarifas de datos para esperar a que una web termine de cargarse para ver su contenido. Consecuencia: si tarda más de 3 segundos en hacerlo, te vas.

Por fin se ha cargado y encuentras una web llena de animaciones que, un rato están bien y son originales, pero constantes, pueden llegar a cansar, con un color de fondo que no te deja ver nada o un scroll infinito que te hace olvidar lo que había al principio. Además te das cuenta de que lo que buscas no existe o está pero siguiendo criterios empresariales y no los del sentido común. Por favor, un diseño claro y con las categorías de producto en cristiano. Ojo a este punto que afecta al posicionamiento de la web!!.

También sucede que te pones a navegar por ella y para encontrar lo que buscabas has tenido que dar vueltas y más vueltas por la web o al menos 10 clics. Los usuarios queremos que nos lo pongan fácil con una navegación intuitiva y simple o un buscador para ir a tiro hecho como suele decirse. Y por favor, que se vea que está trabajada y se actualiza regularmente, esto también da puntos en el posicionamiento.

O lo peor, que no puedes verla bien desde el móvil o la tablet o con el navegador que normalmente utilizas. Vaya has dado con una web que no sigue el principio de “adaptada a todos los dispositivos, todos los navegadores y ordenadores”. Fundamental.

Una de las preguntas que más se hace en los foros es “¿cómo elimino los pops up de una web?”. Comprendo que quieres que te dé mi correo para freirme con emails sobre tus servicios, yo también lo haría, forma parte de tu estrategia pero, por favor, déjame cerrar ese pop up y leer tu contenido, que no me persiga. Sí, no nos gustan los elementos emergentes ni los banners, en general todo lo que sea molesto y lleve implícito una acción de publicidad.

Si gestionáis alguna web, ¿estáis dispuestos a poneros en la piel del usuario y corregir estos aspectos?.

 

Famosos y redes sociales

Famosos y redes sociales

Está claro que las redes sociales han dado lugar a una nueva forma de trabajar en el periodismo,  sobre todo en el “rosa”. Se acabó el montar guardia y perseguir al famoso de turno para ver dónde va, qué hace y con quién. Con seguir sus perfiles sociales ya podemos tener esta información y algunos son auténticos exhibicionistas. Luego se molestan cuando los reporteros, en su necesidad de tener testimonios, quieren confirmar lo que han publicado en su Facebook o Twitter. Incluso, los medios “del corazón” destinan una sección a lo que los famosos han posteado en sus redes sociales.

Sin duda su red favorita es Instagram, con la que, además de dar respuesta a las preguntas ya mencionadas, pues comparten sus mejores momentos (algunos bastante íntimos) con sus fans (y de paso les dan un poquito de envidia). Vamos,  como haríamos el resto de mortales…

Pero también les gusta mucho Twitter y aprovechan su “influencia” para entrar en conversación y mostrar su opinión, por ejemplo ante conflictos actuales. Como muestra, está el movimiento de artistas que se posicionaron ante el conflicto de la Franja de Gaza.

Como resultado, muchos recibieron críticas e incluso amenazas, además de perder fans, que nunca se sabe de qué lado están los seguidores de uno. Entonces, ¿deberían entonces mantenerse al margen? O mejor, ¿contar con alguien que ponga remedio a esas crisis de reputación que puedan producir sus acciones online?. Muchos cuentan con ayuda profesional, al fin y al cabo son marcas, pero otros van por libre y así pasa.

Otras veces, lo hacen por una buena causa y son capaces de pillar una pulmonía y contagian a otros para que lo hagan, como demuestra el movimiento del ice bucket challenge.

Al igual que una empresa o marca, los famosos utilizan las redes sociales para hablar con sus fans y, de paso, obtener ese deseado feedback, que no siempre es bueno y tiene la marca de un troll (¿quién no se acuerda de Iker Casillas y su reacción ante un comentario referente a su hijo o los últimos episodios protagonizados por el matrimonio Bustamante-Echevarría?). ¿Qué habría pasado si una gran marca hubiese reaccionado así ante un comentario?

Cantaba Patti Smith que la gente tiene el poder, por lo menos opinando, y es el mejor indicador y si Twitter se vuelve contra uno… que se lo digan a todos esos políticos que lo han sufrido y han hecho mutis por el foro. Si un anónimo tiene que seguir una estrategia para cuidar su marca y avanzar en su carrera, alguien con miles de seguidores y que puede ser un ejemplo, quizá debería tener en cuenta este aspecto, que ya no todo vale y las redes mandan.